El faro del desierto

30 Ene

Érase una vez un hombre que construía un faro en medio del desierto. Todo el mundo se burlaba de él y lo llamaban loco.
–¿Para qué un faro en medio del desierto? –se preguntaban.
El hombre no hacía caso y seguía callado haciendo su labor. Un día, por fin, terminó de construir el faro. Llegó la noche sin luna y sin estrellas, un espléndido rayo de luz empezó a girar en las tinieblas del aire, como si la Vía Láctea se hubiera convertido en carrusel luminoso.
Y sucedió que en el momento en que el faro comenzó a lanzar su luz, de pronto, surgió en medio del desierto un mar iluminado por un río de luz, y hubo en el mar buques trasatlánticos, pasaron submarinos, ballenas, aparecieron puertos con mercaderes de Venecia, piratas de barba roja, holandeses errantes y sirenas…
Todos se asombraron, menos el constructor del faro. Él sabía que si alguien enciende una luz en medio de la oscuridad, al brillo de esa luz surgirán muchas maravillas.

Impotentes y enemigos

27 Ene

Esta fábula puede ser útil para aquellos que se sienten impotentes frente a un enemigo poderoso:

En una templada región, acariciada por lluvias de nubes puras, crecían saludables plantas entregando al aire amorosos perfumes. Lejos de ahí vivía un dragón de ponzoñoso aliento y lengua flamígera. Este inmenso animal, a pesar de ser herbívoro, detestaba las flores. Apenas veía una, orinaba ácido y acababa con ella. Supo la existencia de la región maravillosa y decidió exterminarla. Comenzó a quemar los campos reduciendo a cenizas hasta las raíces. Las plantas, viendo su fin cercano y sintiéndose impotentes para conjurar a tal enemigo, dejaron que sus flores se convirtieran en raquíticos botones. Sin embargo una pequeña mata, la más humilde, se dedicó con toda el alma a fabricar una semilla. En esa diminuta cápsula puso sus más excelsos diagramas: hojas de verde exuberante, flores intensas, cálices sensuales, polen vivaz, raíces cavadoras y tallos nobles. Cuando en la memoria de la semilla esto quedó grabado, la planta comenzó a transformarse hasta adquirir la forma de una gran lechuga. Sus compañeras le dijeron: “¿Para qué gastas tanta energía en cambios y anhelos si muy pronto vas a morir?” Ella contestó: “¡Hay destrucciones que son comienzos!” Y siguió engordando. Llegó el dragón y al ver esa enorme planta vital en medio de tantas enfermas, invadido por la gula, en lugar de quemarla como a las otras, se la comió. La planta fue digerida, pero la semilla se aferró a las paredes estomacales y ahí germinó para crecer a través de la carne hasta salir a la luz en medio de las escamas. La bestia, llena de dolores, pereció. Entre la pudrición de sus restos, el vegetal siguió creciendo, tocó tierra y con la fuerza succionada al dragón y la belleza de sus diagramas produjo capullos, frutos, semillas y descendientes para volver a poblar la región con flores ahora tan poderosas que podían defenderse de un rebaño de monstruos.

• Si un pueblo no puede impedir una conquista, debe encontrar sus íntimos valores y hacerlos fructificar en el corazón del invasor.

La flor de la honestidad

26 Ene

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío. Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

– “¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura”

+ “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz”

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:

– “Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China”.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos. En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:

– “Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles”.

¿ Nunca lo ha probado ?

26 Ene

Un ateo dictaba una conferencia ante un gran auditorio defendiendo la inexistencia de Dios. Después de haber finalizado su discurso, desafió a cualquiera que tuviese preguntas a que subiera a la plataforma. Un hombre que había sido bien conocido en la localidad por su adicción a las bebidas alcohólicas, pero que había encontrado recientemente liberación y esperanza en Dios aceptó la invitación y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla lentamente. El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; el hombre, continuó imperturbable pelando la naranja en silencio, al término de lo cual, se la comió. Se volvió al conferencista y le preguntó :

– “¿Estaba dulce o agria?”

+ “No me pregunte tonterías”, respondió el orador con señales evidentes de enojo; “¿Cómo puedo saber el gusto si no la he probado?

 Y aquel hombre regenerado por el amor de Dios respondió entonces:

 – ”Y ¿cómo puede usted saber algo de Dios, si nunca lo ha probado?”

Descubre tu don

26 Ene

Miguel Dionisio vivió insatisfecho. Como nunca se propuso viajar a su interior, se convirtió en un turista compulsivo. Exploró, experimentó, imitó a los maestros, se embarcó en mil y una aventuras que prometían darle un verdadero sentido a su vida, pero todas tristemente acababan en una pertinaz sensación de aburrimiento. Un día, dio un bostezo tan tan grande que se ahogó en él. Sus familiares y amigos decidieron colocar con letras de plata en su tumba, justo encima de su nombre, esta frase lapidaria:

“¿QUÉ TE FALTÓ POR DESCUBRIR?”.

 Después de su entierro, en las soledad del cementerio, el silencio fue interrumpido por un feroz viento huracanado que dejó horizontales toda una fila de cipreses. Por el aire volaron no sólo hojas, sino también algunas de aquellas letras recién pegadas en el húmedo mármol. Así, los allegados que a partir de entonces fueron a llevarle flores a su sepultura, pudieron leer la respuesta a la pregunta que ellos mismos formularon: “¿QUÉ TE FALTÓ POR DESCUBRIR?”

MIguel DiONisio ( mi don ).

Alejandro Jodorowsky: Todos servimos para algo, pero no todos servimos para lo mismo.

Al herir, te hieres

24 Ene

Parvati es una de las diosas más amorosa, benevolente y misericordiosa del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta como extraordinariamente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hasta su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.

– Madre -dijo Kartikeya-, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?

Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:

+ Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.

– Pero, madre -se apresuró a decir el joven-, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre.

Una refrescante sonrisa de aurora se dibujó en los labios de la diosa.

+ Hijo mío -dijo-, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?

– Así fue, madre -repuso Kartikeya.

+ Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.

*El Maestro dice: Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes, te dañas a ti mismo.

Divinidad o Casualidad

23 Ene

Diane, una joven estudiante de la universidad, estaba en casa por el verano. Fue a visitar algunos amigos en la noche y por quedarse platicando se le hizo muy tarde, más de lo que había planeado y tuvo que caminar sola a su casa. No tenía miedo porque vivía en una ciudad pequeña y vivía sólo a unas cuantas cuadras del lugar. Mientras caminaba a su casa, pidió a Dios que la mantuviera salvada de cualquier mal o peligro. Cuando llegó al callejón que le servía como atajo para llegar más pronto a su casa decidió tomarlo.Sin embargo cuando iba a la mitad, notó a un hombre parado al final del callejón y se veía como que estaba esperando por ella. Diane se puso nerviosa y empezó a rezar a Dios por protección. Al instante un sentimiento de tranquilidad y seguridad la envolvió, sintió como si alguien estuviera caminando con ella; llegó al final del callejón y camino justo enfrente del hombre pero no pasó nada y llegó bien a su casa. Al día siguiente, leyó en el periódico que una chica había sido violada en aquel mismo callejón unos 20 minutos después de que ella pasara por allí. Sintiéndose muy mal por esa tragedia y pensando que pudo haberle pasado a ella, comenzó a llorar dando Gracias a Dios por haberla cuidado y le rogó que ayudara a la otra joven. Decidió ir a la estación de policía, pensó que podría reconocer al hombre y les dijo su historia. El policía le preguntó si estaría dispuesta a identificar al hombre que vio la noche anterior en el callejón, ella accedió y sin dudar reconoció al hombre en cuestión. Cuando el hombre supo que había sido identificado, se rindió y confesó. El policía agradeció a Diane por su valentía y le preguntó si había algo que pudieran hacer por ella y ella le pidió que le preguntaran al hombre por qué no la atacó a ella cuando pasó por el mismo callejón. Cuando el policía le preguntó al hombre el contestó: “Porque ella no estaba sola, había dos hombres altos caminando uno a cada lado de ella”.

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