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El poder de lo imposible

12 Ene

Al caer la noche, el padre y la madre vampiros abrieron la tapa del pequeño ataúd y despertaron a su hijo para contarle la horrible muerte de sus abuelos:

Por quedarse más tiempo de lo indicado fuera del castillo, el sol los sorprendió, convirtiéndolos en ceniza. El muchachito derramó lágrimas y, mostrando sus largos colmillos, exclamó: “¡Los vengaré: apagaré al sol!”.

Por un agujero cavado en el muro hizo salir una manguera, por la cual lanzó un chorro de agua hacia el astro rey. A pesar de llegar con el líquido a gran altura, su intento fracasó. Siguió probando: “¡Por muy lejano que estés, te alcanzaré!”, amenazó al sol. Sus familiares comenzaron a preocuparse: “¡Está loco!”. La sociedad de nobles vampiros se molestó: “¡Durante siglos el sol nos ha reducido a polvo! ¿Quién es este pequeño para oponerse a un astro de tal magnitud?” Nuestro vampiro no les hizo caso.

Siguió durante años intentando apagarlo. Fabricó un carro impermeable a la luz y llevó miles de litros de agua hasta la cima de una montaña y desde ahí trató de llegar con un chorro hasta el sol. Fracasó. Siguió tratando. En pleno día, cubierto sólo por un toldo, disparó un cohete extinguidor que estalló sin alcanzar su objetivo. Los vampiros aplaudieron: “¡Bravo, fracasó! ¡A un subversivo así habría que expulsarlo de nuestra sociedad! ¿Por qué no se conforma como todos nosotros?”

Después de centenares y centenares de intentos inútiles, nuestro vampiro, mirando hacia el sol, que brillaba más que nunca, se lamentó: “¡Tienen razón: nunca podré apagarlo! ¡Ya no me importa morir!” Y abrió los brazos para dejarse calcinar sin cubrirse de los peligrosos rayos.

¡Nada sucedió! En la oscuridad del castillo, los viejos vampiros se asombraron: “¡Nuestro enemigo no lo daña! ¡Se volvió inmune al sol! ¡Qué envidia!”.

Importa más que conseguir algo imposible, el trabajo que uno se da por obtenerlo. Este ejercicio continuo ante un ideal siempre lejano, desarrolla en nuestro cuerpo y mente nuevos niveles que nos permiten al fin, por no necesitarla más, renunciar a la ilusión. para desenvolvernos con justeza en la realidad.

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